Real Sociedad Española de Física - RSEF

Historia de la RSEF: Los Orígenes (1903-1936)

Conmemoración de las Bodas de Plata 1903-1928. La Junta Directiva de 1928La reunión fundacional de la Sociedad Española de Física y Química tuvo lugar el 23 de enero de 1903, en el decanato de la Universidad Central, en el viejo caserón de la calle Ancha de San Bernardo de Madrid, donde la Sociedad tuvo su primera sede. En el acta de constitución, rubricada por José Echegaray, se dice: "...el Sr. Carracido expuso el objeto de la reunión que no era sino ponerse de acuerdo para constituir la Sociedad Española de Física y Química destinada a fomentar el estudio de estas ciencias y publicar los trabajos a ellas referentes por los que se adhirieron a la idea". El propio Carracido, en 1909, recordaba en la Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales: "En el año 1903 se funda la SEFQ y poco después se reanuda la publicación de la Revista de nuestra Academia. En la vida de una y otra está interesado el honor de España". La primera Junta Directiva quedó constituida como sigue:

Presidente

José Echegaray Eizaguirre (Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos)

Vicepresidentes

Francisco de Paula Rojas (Catedrático Facultad de Ciencias)
Gabriel de la Puerta (Catedrático Facultad de Farmacia)

Tesorero

Juan Fages Virgili (Catedrático Facultad de Ciencias)

Vocales

José Rodríguez Carracido (Catedrático Facultad de Ciencias)
Eugenio Piñerúa (Catedrático Facultad de Ciencias)
Federico de la Fuente (Catedrático Escuela de Artes e Industrias)
Eduardo Mier Miura (Ingeniero Geógrafo)

Secretarios

José Rodríguez Mourelo (Catedrático Escuela de Artes e Industrias)
Ignacio González Martí (Catedrático Facultad de Ciencias)

Nómina compuesta por gentes de las generaciones del 68, de avanzada edad, y del 98 que inmediatamente fueron mayoría en los órganos directivos de la Sociedad. Todos ellos eran, o llegaron a ser, miembros de la Academia de Ciencias -Echegaray era, a la sazón, Presidente de la Academia- menos Federico de la Fuente y Eugenio Piñerúa que lo fue de Medicina. Todos ejercían su profesión, docentes en su mayor parte, en Madrid. Criterio que se mantuvo en la composición de la Junta Directiva hasta 1923 en que se acuerda la incorporación de cuatro vocales no residentes en la capital.

Portada del primer número de la Revista "Anales de la Sociedad Española de Física y Química" (Marzo de 1903)Inmediatamente después de su creación se inicia la publicación de los Anales, el medio de comunicación fundamental y casi exclusivo a que daba derecho ser socio, donde cada año se presentaba una "Memoria" del año anterior que, junto con las Actas de las sesiones mensuales, son la mejor guía para conocer las incidencias de la vida, a veces azarosa, de la Sociedad. En la "Memoria" que presenta la Directiva actuante en 1903, cesando en sus funciones el 31/12/1904, se informa que el número de artículos en Anales ese año fue 57, "número que demuestra el interés que en nuestro país despierta este género de estudios", y que el número de socios del primer año era 263 con una cuota de 15 pesetas anuales. Las cuotas eran el sostén económico de la Sociedad, salvo algunas donaciones esporádicas y el cobro de anuncios, hasta que en 1911 el Ministerio de Instrucción Pública les asignó una dotación annual de 3000 pesetas, que en 1935 llegó a ser de 13.252 por parte de la Instrucción Pública y 9.500 del Ministerio de Estado; por aquellas fechas el número de socios ascendía a 1.400, siendo la cuota de 25 pesetas.

A partir de los años 20, y gracias a las becas de la Junta para Ampliación de Estudios, ya habían salido al extranjero un considerable número de físicos y químicos españoles, y por España habían pasado destacadas figuras científicas como Urbain, Fourneau, Fabry, Perrin, Fajans, Sabatier, Ostwald, Mme. Curie, Einstein, Scherrer, Weiss, Sommerfeld,... Además, la Sociedad fue integrándose en sociedades científicas internacionales (Comité de la Unión Solar, Unión Internacional de Química Pura y Aplicada,...) y llamada a ser representada en Congresos y Conmemoraciones (Químicos azucareros de Francia, Radiología y Electricidad en Bruselas, Química Aplicada en Washington y Nueva York, Pesos Atómicos en Lyon, Estudios Solares en Bonn, Homenaje a Volta en Como, Homenaje a Ramsay en Londres,...) Y algunos de nuestros científicos, miembros de la Sociedad (Cajal, Cabrera, Hauser, Rodríguez Mourelo, Torres Quevedo, Casares, Carracido, Moles...) fueron invitados como conferenciantes, traducidos sus trabajos, y distinguidos de formas diversas en instituciones docentes y científicas de Europa y América; en definitiva, se iba consiguiendo a base de asumir el "haciendo ciencia y haciendo patria" "darnos a conocer y estimar fuera de España", que con éstas u otras expresiones similares eran casi una constante en las reuniones mensuales de las sucesivas directivas, y desde luego el deseo más vehemente con que los científicos del 98 manifestaron su creencia en la regeneración española.

El estallido de la primera guerra mundial en 1914 no se dejó sentir inicialmente en la actividad de la Sociedad, a pesar de la disminución de revistas extranjeras, y de las dificultades para obtener productos y aparatos procedentes del exterior. Antes bien se despertó aún más la intención de difundir la ciencia dentro del territorio nacional: ampliando la vinculación con los centros docentes; insistiendo, especialmente en los años de la contiendad, en la necesaria relación entre ciencia e industria; aspirando a la colectivización de sociedades y otras instituciones nacionales con intereses científicos. Pero sí se notaron las repercusiones de aquel conflicto a partir de su finalización en 1918, sin que se descarte la hipótesis que tales efectos pudieran ser consecuencia del aislamiento en que España se mantuvo. Así, la Sociedad atravesó un serio bache entre 1919 y 1921 que, si bien no puede decirse que hubiera riesgo de desaparición, la tambaleó en su euforia acostumbrada y obligó a las respectivas directivas a introducir algunas modificaciones en sus maneras habituales de proceder.

Año 1923, cuando la ciencia española empezaba a levantar el vuelo, en el viejo caserón de San Bernardo de Madrid, sede de la Universidad Central(En la imagen: de izquierda a derecha, de pie: Lozano Rey (Ciencias Naturales), Plans Freire (Matemáticas), Madrid Moreno (Ciencias Naturales), Lozano Ponce de León (Física), González Martí (Física), Palacios Martínez (Física), del Campo Cerdán (Física), Castro Borrell (Física). Sentados: Vegas Puebla Collado (Matemáticas), Rodríguez Carracido (Rector, Farmacia), Einstein, Octavio de Toledo Zulueta (Matemáticas) y Cabrera Felipe (Física).

El reclutamiento de nuevos socios, la ampliación de los medios de financiación y la subida de la subvención oficial, hicieron que de 1920, en que se encargó de la tesorería Manuel Tomás Gil García, a 1923 se pasara de un movimiento económico de 14.471 pesetas a 23.566 pesetas, lo que obviamente alivió las preocupaciones y contribuyó a que se iniciara una floreciente etapa de la Sociedad.

Como espaldarazo muy gratificante a la labor que la Sociedad venía haciendo para mejorar la actividad científica docente e investigadora en España, fue distinguida en el año de sus bodas de plata (1928) con el título de Real por el rey Alfonso XIII. Si con tan alta distinción la Sociedad fue reconocida en el ámbito nacional, no tardarían en pasar muchos años, en 1934, para que su reconocimiento internacional se hiciera patente: en 1934, la Real Sociedad organizó en Madrid el IX Congreso Internacional de Química, el primero de la posguerra (el VIII fue en 1912). Se congregaron en la capital de España más de 1.500 químicos de todos los países. La inauguración fue presidida por Niceto Alcalá Zamora, Presidente de la República, y Salvador de Madariaga, Ministro de Instrucción Pública.

Como puede traslucirse de esta sucinta semblanza de la Real Sociedad Española de Física y Química, se trata de una institución que desde sus comienzos mostró decidido interés por situar a España en un lugar digno en el panorama científico internacional.

*Textos y fotografías procedentes del artículo de ANTONIO MORENO GONZÁLEZ: "La Sociedad Española de Física y Química: una institución para la regeneración patria", en REVISTA ESPAÑOLA DE FÍSICA, Vol. 12, Número 4, 1998. Págs. 14-17.

 

El emblema de la RSEF

Einstein en Madrid: acotaciones a una foto histórica.

 

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  • El verdadero valor de un hombre se determina examinando en qué medida y en qué sentido ha logrado liberarse del yo.

    Albert Einstein (1879-1955)
  • La unidad es la variedad, y la variedad en la unidad es la ley suprema del universo.

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